La Paradoja del Leñador y la Toma de Decisiones

Los que seguís este blog ya sabéis que me gusta trasladar cuentos populares y reflexiones filosóficas a la toma de decisiones, al BI o al desarrollo de software, los tres temas de los que habitualmente hablamos aquí.

Hoy quiero utilizar la Paradoja del Leñador como base para un par de reflexiones relacionadas con la Toma de Decisiones. Supongo que la conocéis, pero por si acaso la repito, en versión libre:

Llegó el día en que Pequeño Osezno debía decidir a qué profesión se iba a dedicar en adelante. Por ello se presentó ante su maestro:

– Maestro, estoy lleno de dudas y no se a qué debería dedicarme en el futuro

– Piensa, Pequeño Osezno, ¿qué te gustaría hacer?, ¿qué se te da bien?, ¿haciendo qué te sentirás realizado?, le contestó el Maestro

– Yo Maestro, soy fuerte y se me dan bien los trabajos físicos, contestó Pequeño Osezno

– Piensa entonces, tal vez, en una profesión manual, donde tu fuerza sea importante

– Ya sé -dijo Pequeño Osezno-, seré leñador, seré el leñador más fuerte y talaré más árboles que nadie!

Contento de la decisión tomada, se fue al bosque y se incorporó a los leñadores que a diario se encargaban de la tala y la preparación de la madera, quienes le dieron un hacha grande y bien afilada

El primer día, tras aprender las técnicas básicas, comenzó a talar y, pronto, quedó claro que su fuerza le permitía blandir el hacha durante más tiempo y  con mejores resultados que ninguno de los demás leñadores, por lo que al final del día fue profusamente halagado por el capataz y por sus compañeros, retirándose a dormir como el hombre más feliz del mundo, pues había encontrado una profesión que le gustaba y para la que valía.

La Paradoja del Leñador y la Toma de Decisiones

La Paradoja del Leñador

El segundo día, notó que su rendimiento había bajado y pensó que quizás estuviese un poco cansado del día anterior, pero como no quería que sus compañeros pensaran que lo del primer día había sido casual, redobló sus esfuerzos y alargó las horas de trabajo para conseguir talar la misma cantidad

El tercer día se levantó cansado del sobreesfuerzo del día anterior, pero se dijo a si mismo: “esto es solo los primeros días hasta que me acostumbre, pero no puedo dejar que los demás piensen que solo aguanto el ritmo un par de días”, así que se fue al bosque y atacó un grueso árbol. Si el segundo día se le hizo cuesta arriba, el tercero creyó morir: sus golpes cada vez penetraban menos en la madera y a pesar de que incrementó sus horas de trabajo, no consiguió ni siquiera acercarse a los niveles del primer día. Abatido se retiró a dormir, pensando que probablemente el cuarto día su cuerpo ya se habría acostumbrado y empezaría a coger ritmo.

Sin embargo el cuarto día comenzó aun peor: sus golpes no penetraban en la madera por mucho que se esforzara, así que, tras horas de intentarlo, abandonó las herramientas y, abochornado, salió corriendo del bosque y se refugió en la vieja escuela cayendo de rodillas ante el maestro

– ¿Qué ocurre, Pequeño Osezno?

– Soy un fracasado Maestro: no sirvo para nada; he intentado ser leñador, pero no sirvo para eso; el primer día me fue bien y talé más que ningún otro leñador, pero a partir de ahí cada día me costaba más y por mucho esfuerzo y tiempo que ponía, ¡cada vez talaba menos!

– Y dime Pequeño Osezno, ¿afilaste el hacha cada día?

– No Maestro, -respondió Pequeño Osezno-, no tenía tiempo para eso, ¡¡¡todo mi tiempo lo he dedicado a talar!!!

¿Cuantas veces nos empeñamos en hacer las cosas como alguna vez nos funcionó, sin darnos cuenta de que las circunstancias cambian? ¿Cuantas veces atacamos los troncos con el hacha que al principio nos funcionó sin reconocer que ya se ha mellado?

Cuando tomamos decisiones lo hacemos normalmente utilizando herramientas y sistemas que en otras ocasiones nos han funcionado, pero ese mecanismo, fruto de la evolución, que nos permite saber qué hacer en circunstancias que ya se han producido antes, sin tener que perder el tiempo en pensar, ¡cada vez es menos fiable en nuestra variable sociedad!

¿Qué suele ocurrir en cualquier organización?: al inicio buscamos soluciones de gestión estándar, sencillas, que nos permitan comenzar a funcionar sin grandes problemas y, poco a poco, lo que eran soluciones facilitadoras, se van convirtiendo en una losa que condicionan nuestra evolución. O bien, si hemos implantado un sistema, con su correspondiente análisis previo y bien hechas las cosas, nos encontramos con que al cabo del tiempo -si no es desde el inicio, habida cuenta de los dilatados tiempos que una implantación requiere-, ese sistema ya se ha quedado obsoleto…, pero ¡seguimos usándolo, sin cuestionarlo, sin darnos cuenta de que el mundo ha cambiado, que el mercado evoluciona a toda velocidad, que nuestra competencia cambia, que la tecnología cambia y que lo que antes nos funcionó de maravilla, ahora no es más que un freno que nos impide evolucionar!

Pero que conste que el problema no es de la tecnología, !es nuestro¡: no nos damos cuenta de que las decisiones que ayer tomamos de una forma concreta y funcionaron, hoy ya no pueden tomarse de la misma manera; el entorno cambia rápidamente y nuestra escala de valores decisionales debe modificarse si queremos sobrevivir.

Cuando llegas a un cliente que tiene implantada una solución de Business intelligence, lo más complicado es conseguir que se cuestione si esa herramienta sigue respondiendo a sus necesidades actuales y si la manera en que empezamos a utilizarla sigue siendo la mas operativa: la tendencia es a seguir usando lo que tenemos y, además, de la misma manera, aunque no nos sirva ya. Lanzamos procesos pesadísimos de desarrollo de aplicaciones y soluciones de gestión, cuando la realidad fluye a una velocidad muy superior a nuestra capacidad de reacción pero, en lugar de tratar de vivir en un mundo cambiante, nos apalancamos en nuestra situación y seguimos haciendo las mismas cosas una y otra vez, aunque los resultados cada vez sean peores.

En la Metodología que a lo largo de este blog intentamos trasladaros siempre hay dos elementos fundamentales:

En definitiva, el proceso de reflexión debe ser el desencadenante de nuestras acciones, pero una vez actuado debemos volver a reflexionar para establecer si el resultado ha sido el esperado y para volver a cuestionar la situación de partida…, para volver actuar; y, así, de manera permanente.

El Proceso Iterativo

Think-Act-Think

El cambio no es un evento pasajero que puede existir y que permite pasar de la situación A a la situación B, sino que es el único estado real; el cambio de estado es la única situación existente y debemos acostumbrarnos a vivir en el cambio si queremos sobrevivir. Vivimos en un flujo y la realidad es el flujo, no los estados intermedios.

En resumen, piensa, actúa y vuelve a pensar para volver a actuar: Think-Act-Think …, y ¡no actuéis como osos!

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